“Aprender a manejar una moto no es tan fácil como todos piensan… o tal vez sí.”
Las motocicletas intimidan y seducen al mismo tiempo. Esa ambigüedad confunde a quienes se inician en esta vida mecánica y salvaje, y los retos suelen ser tan sorpresivos como las curvas de montaña.
Comenzar en el mundo del motociclismo sin referentes previos es una explosión de sensaciones acompañadas por una voz interna que a veces, como un demonio en el hombro izquierdo, susurra: “No vas a poder.”
Ante semejante presión, ¿cómo ser principiante biker sin rendirse?
Descubrí que escribir mi experiencia es una forma de permanecer en ruta. Me da tres razones para seguir acelerando:
- Registrar mis avances
- Dejar testimonio
- Acumular anécdotas para compartir
Hay muchos caminos hacia el objetivo final—domar a la máquina— y en ese proceso, los desafíos se convierten en tesoros narrativos.
Tal vez te preguntes: ¿No es doble estrés aprender a manejar una motocicleta y además escribir sobre ello? No, si encuentras el enfoque adecuado. La escritura puede ser válvula de escape, brújula emocional y hasta espejo retrovisor de tu proceso como motociclista.
Muchos viajeros terminaron siendo escritores, y muchos escritores se aventuraron: Oliver Sacks, Jack Kerouac, Hunter S. Thompson, Robert M. Pirsig, Ted Simon...
Todo este sitio es resultado de que una vez fui aprendiz de motociclista. Aquí compartiré cómo estructuré mis vivencias para convertirlas en relato, esperando que tú también descubras que escribir es tan emocionante como rodar. Y que ambos caminos—el asfalto y la página—tienen curvas que vale la pena enfrentar.